Jardín Estilo Japonés
El jardín japonés, es aquel que forma parte de la tradición de las casas privadas de ese país y de los templos budistas y sintoístas. El jardín japonés por excelencia se compone de roca, arena, grava y, ocasionalmente, algún elemento de vegetación y otros elementos naturales.
Una filosofía
Éstos jardines, y sus diseños, sirven esencialmente a los seguidores de esta filosofía para conseguir un espacio adecuado para la práctica de la meditación. Igualmente, la tradición de la Ceremonia del Te, ha dado origen a refinados jardines. Otras de las características de estos jardines es que los elementos que lo conforman pueden ser reales o simbólicos. Estos elementos incluyen: agua, una isla, un puente, una linterna, una casa de Te. Muchos templos Zen, disponen de jardines del estilo karesansui (de paisaje seco) que no tiene agua pero evocan su sensación.
Las rocas de estos jardines son especialmente escogidas por su forma, y los elementos vegetales (musgo y arbustos bajos), acaban de conferir su estilo. Uno de los ejemplos más conocidos es el jardín de Templo de Ryoan-ji, en Kyoto, que presenta como característica diferencial su gran abundancia de plantas. Un jardín zen o karesansui, es un estilo de jardín de origen japonés, que algunas personas también denominan jardín seco. Se compone de un amplio campo de arena, gravas o rocas de calibre pequeño, y de elementos vegetales estratégicamente colocados. Es una extensión poco profunda que también puede contener ocasionalmente hierba, musgo y otros elementos naturales. Reciben el nombre de Zen, porque son utilizados como lugar de meditación por los monjes Zen japoneses.
Cuando ojos occidentales ven por vez primera un jardín Zen, lo primero que suele captar atención es esa especie de “vacío” de porciones en el jardín.
Puede llegar a ser inquietante para paisajistas entrenados a llenar cada espacio del jardín con un amontonamiento de color, pero en el caso de estos jardines, es un elemento clave.
Se dice, y con razón, que las filosofías orientales ven la naturaleza bajo una luz totalmente diferente, concibiéndola como una representación de la comunión entre el hombre y el universo, y el diseño de estos espacios sintetiza esa visión.

Cuando ojos occidentales ven por vez primera un jardín Zen, lo primero que suele captar atención es esa especie de “vacío” de porciones en el jardín.
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